Madre Espiritual

Breve Estudio sobre la superioridad espiritual de la mujer como madre

2 Tim. 1:3-6; 2:14-17

 

 

Introducción

Anécdota: Un amigo, conocido escritor, me envió la siguiente nota: Después de varios años de matrimonio, descubrí una nueva manera de mantener viva la chispa del amor. Desde hace poco había comenzado a salir con otra mujer, en realidad había sido idea de mi esposa.

 

-"Tú sabes que la amas”, me dijo un día, tomándome por sorpresa. -"La vida es demasiado corta, debes dedicarle tiempo."

- "¡Pero yo te amo (primero) a ti!", protesté.

- "Lo sé, pero también la amas a ella."

 

La otra mujer, a quien mi esposa quería que yo visitara, era mi MADRE, quien era viuda desde hacía 19 años, pero las exigencias de mi trabajo y mis 3 hijos hacían que sólo la visitara ocasionalmente Esa noche la llamé para invitarla a cenar y al cine. -"¿Qué te ocurre? ¿Estás bien?", me preguntó mi madre. Ella es el tipo de mujer que una llamada tarde en la noche, o una invitación sorpresiva es indicio de malas noticias.


"Creí que sería agradable pasar algún tiempo contigo", le respondí. -"Los dos solos."
Reflexionó sobre ello un momento. -"Me agradaría muchísimo", dijo.

 

Ese viernes mientras conducía para recogerla después del trabajo, me encontraba algo nervioso, era el nerviosismo que antecede a una cita... Y ¡por Dios, cuando llegué a su casa, advertí que ella también estaba muy emocionada con nuestra cita! Me esperaba en la puerta con su abrigo puesto, se había rizado el cabello y usaba el vestido con que celebró su último aniversario de boda, su rostro sonreía e irradiaba luz como un ángel.

- "Les dije a mis amigas que iba a salir con mi hijo, y se mostraron muy impresionadas", me comentó mientras subía a mi auto. -"No pueden esperar a mañana para escuchar acerca de nuestra velada."

 

Fuimos a un restaurante no muy elegante, pero sí acogedor, mi madre se aferró a mi brazo como si fuera “la primera dama”. Cuando nos sentamos, tuve que leerle el menú. Sus ojos solo veían grandes figuras. Cuando iba por la mitad de las entradas, levanté la vista; mamá estaba sentada al otro lado de la mesa, y me miraba. Una sonrisa nostálgica se le delineaba en los labios.

 

- "Era yo quien leía el menú cuando eras pequeño", me dijo.
- "Entonces es hora de que te relajes y me permitas devolver el favor", respondí.

Durante la cena tuvimos una agradable conversación; nada extraordinario, sólo ponernos al día con la vida del otro. Hablamos tanto que nos perdimos el cine.

- "Saldré contigo otra vez, pero sólo si me dejas invitar",  dijo mi madre cuando la llevé a casa. Asentí.

 

 

Parte I: Breve comparación bíblica entre el hombre y la mujer.

En la relación hombre-mujer hay, tanto bíblica como sicológica y socialmente, grandes diferencias y contrastes. La cultura nos ha hecho creer en cierta superioridad del hombre sobre la mujer, razón por la cual la mujer ha sido históricamente discriminada y subordinada; en algunos casos tratada como un objeto. La subordinación social creó la imagen de inferioridad natural. Algunos tratan de justificar semejante actitud malinterpretando tanto el Antiguo como el Nuevo Testamento, en particular los escritos del Apóstol Pablo. La mala interpretación histórica consistió en confundir posición con naturaleza o cualidad intrínseca. Tanto el Génesis como Pablo indican claramente el ideal del ser humano, incluyendo tanto al varón como a la hembra, “y creó Dos al hombre –entiéndase ser humano – a su imagen, a imagen de Dios los creó; varón y hembra los creó.”; “por tanto, dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán una sola carne.”; “Ya no hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay varón ni mujer; porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús.” Es decir que son de una misma naturaleza.

 

Ahora bien, “el varón fue primero” y la mujer viene como “ayuda idónea”, pero con sus características propias complementarias. Luego, posicional o declarativamente hablando, el varón es primero, es decir, la cabeza de la pareja, aunque en algunas cualidades aisladas sea inferior a la mujer. El director de una empresa no es, necesariamente, el mejor ser humano, pero es el que tiene mayor autoridad decretada.

 

Desde el Edén, la pareja recibe la encomienda de administrar el hábitat físico; naturalmente el varón tiene mejores condiciones físicas para la producción de alimentos, la caza, etc. Posteriormente, hay que hacer guerras y conquistar naciones y aquí el hombre también tiene mejores condiciones naturales, luego, lógicamente, toma la primacía porque está mejor capacitado para ello. Y de las guerras surgen los líderes políticos y gobernantes para la nación. Por eso, y por la señal original de autoridad, el varón resplandece en el A.T., y ella queda en el silencio relativo de engendrar y criar hijos y cuidar de la familia; pero, ¡cuidado!, también la infraestructura de la nación depende de ella.

 

Queda, entonces, la familia, célula fundamental de la sociedad, y ahí ella es la que resplandece; pero su enorme heroicidad queda escondida en la mayor parte del registro histórico.

 

Ahora bien, uno de los efectos principales de la introducción del pecado en el mundo fue la pérdida parcial de la imagen divina, imagen expresada, básicamente, en términos de espiritualidad; y aquí, al parecer, la imagen fue más dañada en el hombre que en la mujer. ¿Existe alguna prueba de ello? Quizá baste mencionar aquellas cualidades más asociadas con el carácter femenino:

 

amor, ternura, amabilidad, misericordia, lealtad, dulzura, afectuosidad, santidad, espiritualidad, rectitud, gentileza, nobleza, emotividad, sensibilidad, empatía, afabilidad, comprensión, paciencia, generosidad, benevolencia, resistencia, intuición, abnegación, fidelidad, humildad, pacificidad (¿), etc. Algunas de estas cualidades quizá no sean innatas o inherentes al perfil femenino sino adquiridas, pero lo han hecho mucho mejor que el hombre. También, estas cualidades se perfeccionan en la mujer creyente por la obra del Espíritu.

 

Investiguemos la comparación espiritual relativa entre el hombre y la mujer después de considerar algunos conceptos básicos sobre tan interesante tema.

 

 

Parte II: Espiritualidad en la Biblia. Concepto.

 

Es la cualidad que en las personas las hace semejantes a Dios, dependiente de su Espíritu y contrastante con la carnalidad y el carácter natural del ser humano. Véase y distíngase entre bienes espirituales y materiales en Rom. 15:27 y considere1 Cor. 3:1 para la distinción entre los espirituales y los carnales. La espiritualidad deviene de la imagen de Dios en el hombre y la obra del Espíritu.

 

Después de la caída, la raza, apartada de Dios, pierde la relación espiritual con Dios y sólo a través del cumplimiento de Su voluntad puede alcanzar la paz con El. En la nueva dispensación es a través de la gracia divina, en la regeneración, que la imagen es restaurada suficientemente como para alcanzar la reconciliación y comenzar la vida espiritual, donde el Espíritu prima sobre la carne.

 

Espiritualidad no es un estado permanente en la práctica, aunque el hombre haya sido declarado en una posición espiritual. Espiritualidad es un proceso de crecimiento donde Dios obra diariamente a través de Su Palabra y de los medios de gracia para desarrollar la vida en la dirección de una plenitud de obediencia a Su Santa Voluntad. Es un caminar con Dios, pasó a paso, no una realidad instantánea.  “Si vivimos por el Espíritu, andemos también por el Espíritu”. Gal. 5:25.  Hay razones de mucho peso para considerar que la mujer cristiana promedio conoce mejor ese andar en el Espíritu que el hombre cristiano promedio y tiene mayor control sobre las pasiones de la carne.(Note la palabra promedio)

 

 

Parte III: La Espiritualidad Relativa de la Mujer y el Hombre en la                                 Sociedad Contemporánea.

 

Poniendo a un lado el Salmo 8, que exalta a la raza humana, pero no exalta un género en particular, la Biblia en Proverbios 31:10-31, reconoce el valor extraordinario de la mujer virtuosa, es decir, de la mujer espiritual. Aunque no se establece una comparación con el hombre, es significativo que el género femenino sea tan elogiado en las Escrituras.

 

¿Hay algo que apoye este concepto de la superioridad espiritual de la mujer en contraste con el hombre en nuestra sociedad? Ciertamente. Observe que no hablamos de superioridad en general, sino solamente en aquellas cualidades entendidas como de naturaleza espiritual.

 

David Kinnaman es un investigador asociado con  la más sobresaliente institución cristiana dedicada al estudio del perfil moral y espiritual de la sociedad americana.

 

El y su prestigiosa organización afirman que hay que añadir una nueva función, no siempre considerada, al rol de la madre dentro y fuera de la familia. Las madres son tradicionalmente consideradas como el compás emotivo y las organizadoras y directoras de multitareas en la familia. Ahora, deben ser reconocidas como las energizadoras espirituales de la familia. Un estudio realizado con 10,000 personas y 2,000 madres durante dos años ha arrojado las siguientes verificaciones de lo que la Palabra muestra sobre el papel de las bienaventuradas mujeres y madres.

 

El estudio titulado “La Espiritualidad de las Madres supera la de los Padres”, establece que las mujeres que crían niños pertenecen al segmento más activo de la población en cuanto a la fe y la espiritualidad.

 

Se muestra allí que las tres cuartas partes de las mamás identifican la familia como su prioridad más alta. Al mismo tiempo manifiestan que su fe es muy importante en sus vidas. Aunque los padres consideran la familia como un valor preponderante, son mucho menos dados a atribuir la misma importancia a la fe.

 

Los hombres son más dados a ejercitar sus músculos físicos que los espirituales. La diferencia de sexo se extiende a lo espiritual. Las madres dejan muy atrás a los padres en relación con la actividad espiritual y el compromiso. De doce factores evaluados, las mujeres triunfan en 11 y empatan en uno, el trabajo en la iglesia.

 

Las mamás se sienten en su mayoría transformadas enormemente por su fe, mientras que menos de la mitad de los papás comparten la experiencia. Tres cuartos de las mamás consideran su fe muy importante en sus vidas, sólo dos tercios de los papás.

 

Las mamás también son más dadas que los papás a considerarse cristianos convertidos, a decir que están completamente entregados al cristianismo y a aceptar compartir su fe en Cristo con otros.

 

En la semana, las mamás asisten más a la iglesia, leen más la Biblia, participan más en grupos pequeños y ayudan más en organizaciones sin fines de lucro.

 

El estudio aclara el papel del sexo en formar el perfil espiritual de la persona. Los hombres van a la zaga de las mujeres espiritualmente y más aun si son padres. Los hijos intensifican el compromiso de los papás, pero aun así no alcanzan las huellas espirituales de las mamás.

 

Un factor interesante es la edad.  Hay alrededor de 45 millones de mamás de niños o jóvenes menores en los EEUU.  El 54% en el grupo de edad entre 23 y 41 años, y el 39% entre 42 y 60.  Como ya sabemos, la madre soltera es cada día más frecuente. La mayoría de las mamás entre 23 y 41 está casada, pero el 30% no. Un sexto nunca ha estado casada, el doble del grupo de las mamás mayores. Entre las  mamás más jóvenes (entre 18 y 22), el 79% de ellas no están casadas. Se pronostica que para la próxima década las cosas empeorarán.

 

Las mamás más jóvenes, en promedio, tienen menos pasión por las cosas espirituales y menos compromiso. Ofrecen menor ayuda en la iglesia y leen menos la Biblia y asimismo asisten menos al culto de adoración.  La diferencia es bien notable (53 vs 67).  Comparten menos su fe y son menos dadas a describir su fe como muy importante en sus vidas.

 

La investigación muestra una disminución en las expresiones tradicionales de la fe y en el compromiso hacia el cristianismo, entre los jóvenes estadounidenses.  Muchos en el grupo intermedio están en el medio del desafío, mucho más interesados que los papás y mamás más jóvenes, pero todavía luchando con la fe cristiana en maneras en que los hijos de la posguerra no lo hicieron.

 

Siendo a menudo las mamás el soporte espiritual de la familia, son las que dan energía a la fe en Norteamérica, y es imperativo encontrar nuevos enfoques que les ayuden a conectar, de mejor manera, la fe y la familia, especialmente para madres jóvenes.

 

Todavía las mamás de cada generación merecen una enorme cantidad de crédito por ser el estímulo de los propósitos espirituales de la familia y por trasmitir esa energía a la fe en los EEUU. Comparadas con los hombres, las mujeres son más dadas a comunicar su fe, priorizar actividades que desarrollan su fe y las de sus hijos y son más preocupadas acerca de sus necesidades y emociones.

 

Todavía hay oportunidad de crecimiento entre las mamás. Los líderes de la iglesia y padres todavía tienen que concentrarse en los resultados y profundizar en sus esfuerzos en la crianza de sus hijos. Esta nación no sería lo mismo sin la influencia espiritual de las madres. ¿Imagina usted el impacto sobre la sociedad si los padres varones simplemente igualaran la espiritualidad de sus esposas en la crianza de sus hijos?

 

¿Puede usted darse cuenta de lo que estoy tratando de trasmitir? La mayoría de los líderes y comunicadores más destacados de la iglesia son varones, pero el peso de la espiritualidad en esta nación está en las madres y particularmente en las madres mayores, muchas de las cuales son ya abuelas.

 

 

Conclusión

 

El cristianismo debería prestar más atención a las cualidades espirituales de la mujer, lo que podríamos llamar su “superioridad”, en aquellas virtudes que corresponden más directamente con los atributos o perfecciones morales divinas que tienen más significado para nosotros. Esa preciosa semejanza de la mujer y madre con el Creador, es razón más que suficiente para exaltar y reconocer de manera especial a la mujer en general y a la madre en particular y su aporte a la naturaleza humana.

 

Nuestras iglesias, que están formadas en su mayor parte por mujeres quizá por esa sensibilidad especial, deben honrar a la madre, no solamente el segundo domingo de mayo, sino todos los días del año. Las familias y los hijos deben hacer lo mismo. No hay que esperar a mayo para expresar amor, veneración y respeto hacia la madre. Expresión que por naturaleza tiene que ser visible. No basta sentir amor, hay que exhibirlo, sin alarde, pero con claridad y constancia.

 

El futuro de la iglesia depende de las madres, no sólo por el aporte en hijos, sino el aporte en espiritualidad y cualidades originadas en Dios, en la educación y formación moral de la nueva generación, en el liderazgo de la iglesia y en la extensión del Reino de los Cielos. ¿Se puede pedir más?

 

La sociedad en que vivimos también va dependiendo cada día más de la mujer en su aporte a la mejora relativa de ella en el plano moral y espiritual; pero… para comunicar la espiritualidad de Dios no basta con ser mujer, no basta con ser cristiana… es necesario ser madre.

 

¡Dios Bendiga a todas las madres del mundo que saben serlo en este día tan especial!

 

 

(Este artículo tiene múltiples referencias)