Perseverancia En La
Oración
Esta perpetua agitación de los negocios y de la
presencia de grandes personas me arruinan el alma y el cuerpo. ¡Más soledad en
las horas de la mañana! Sospecho que he estado dedicando habitualmente muy poco
tiempo a los ejercicios religiosos, devoción privada y meditación, lectura de la
Escritura, etc. De aquí mi debilidad, frialdad y dureza. Pudiera haber
consagrado hora y media o dos horas diarias. He estado ocupado hasta muy tarde y
de allí que apurándome apenas cuento con media hora en la mañana. Sin duda la
experiencia de todos los buenos hombres confirma la proposición de que sin una
buena medida de devoclón privada, el alma va debilitándose. Pero todo puede ser
hecho por medio de la oración (oración todopoderosa, lba a decir) ¿Y por qué no?
Pues si es todopoderosa es sólo por la ordenación misericordiosa del Dios de
amor y de verdad.
¡Por lo tanto, orad, orad, orad!
William Wilberforce
Es cierto que las oraciones registradas en la Biblia son cortas en palabras impresas, pero los hombres piadosos de Dios pasaban dulces y santas horas en combate. Ganaban con pocas palabras pero con larga espera. Las oraciones de Moisés parecen breves, pero Moisés oró a Dios con ayunos y lamentos por cuarenta días con sus noches. Lo que se dice de las oraciones de Elías puede concentrarse en unos cuantos párrafos, pero sin duda Elías, quien «orando, oraba», empleó muchas horas de lucha ruda y comunión elevada con Dios, antes de que pudiera con firme audacia, decir a Acab: «No habrá lluvia ni rocío en estos años, sino por mi palabra».
El relato verbal de las oraciones de Pablo es poco extenso; sin embargo, Pablo «oraba incesantemente de día y de noche». La «Oración del Señor» es un epítome divino para labios infantiles, pero el hombre Cristo Jesús oró muchas noches enteras antes de efectuar su trabajo; y estas devociones prolongadas y sostenidas dieron a su obra acabado y perfección, y a su carácter la plenitud y gloria de su divinidad.
El trabajo espiritual es abrumador y los hombres son renuentes para hacerlo. La oración, la verdadera oración, significa un empleo de atención seria y de tiempo, que la carne y la sangre rechazan. Pocas personas son de fibra tan fuerte que rindan un costoso esfuerzo cuando el trabajo superficial pasa por el mercado con facilidad. Nos podemos habituar a nuestras oraciones mendicantes hasta que nos satisfagan, al menos conservamos las fórmulas decentes y aquietamos la conciencia, ¡lo que constituye un opio mortal!
Podemos debilitar nuestras oraciones y no ser conscientes del peligro sino hasta que desaparecen los fundamentos. Las devociones rápidas dan por resultado una fe débil, una convicción raquítica y una piedad dudosa. Estar poco tiempo con Dios significa ser pequeño para Dios. La falta de oración hace el carácter estrecho, miserable y descuidado.
Se necesita tiempo para que Dios impregne nuestro espíritu. Las devociones cortas rompen el canal de la gracia de Dios se requiere tiempo para obtener la revelación plena de Dios. La poca dedicación y la prisa echan un borrón al cuadro.
H. Martyn se lamenta de que la «falta de lectura privada devocional y la escasa oración por dedicarse a incesante confección de sermones», ha producido un alejamiento entre Dios y su alma. Consideraba él mismo que había ocupado demasiado tiempo en las ministraciones públicas y demasiado poco en la comunión «privada» con Dios. Sintió la necesidad de apartar de su tiempo para el ayuno y para la oración solemne.
Como resultado de esto da el siguiente relato: «En esta mañana fui ayudado para orar dos horas». William Wilberforce, el Par de reyes, dice: «Debo apartar más tiempo para la devoción privada. He vivido demasiado consagrado al público. El acortar las devociones privadas extenúa el alma, la debilita y desalienta. He estado ocupado hasta muy entrada la noche». De un fracaso en el Parlamento, dice : «Dejadme decirles mi pena y vergüenza, pues todo probablemente se debe a que mis devociones han sido reducidas y Dios me ha dejado tropezar». Más soledad en las primeras horas del día, fue su remedio.
La oración extensa en las horas tempranas del día obra mágicamente para reavivar y vigorizar una vida espiritual decaída; también se manifestará en una vida santa, que ha venido a ser algo tan raro y tan difícil debido a lo limitado y rápido de nuestras devociones. Un carácter cristiano en su dulce y apacible fragancia no sería una herencia tan extraordinaria e inesperada si nuestras devociones se prolongaran y se intensificaran. Vivimos con estrechez porque oramos escasamente. Con bastante tiempo en nuestros oratorios habrá grosura en la vida.
Nuestra habilidad para hablar con Dios en la comunión con él es la medida de nuestra habilidad para continuar en su compañía en las demás horas del día. Las visitas rápidas engañan y defraudan. No sólo son ilusorias sino que también nos causan pérdidas en muchos sentidos y de muchos ricos legados. De la permanencia en el oratorio derivamos instrucción y triunfo. Salimos con nuevas enseñanzas y las grandes victorias son a menudo el resultado de grande y paciente espera, hasta que las palabras y los planes se agotan y la silenciosa y paciente vigilia gana la corona. Jesucristo dice con un decidido énfasis: «¿y Dios no hará justicia a sus escogidos, que claman a él día y noche?»
La oración es la ocupación más importante y para dedicarnos a ella debe haber calma, tiempo y propósito; de otra manera se degrada hasta hacerse pequeña y mezquina. La verdadera oración obtiene los más grandes resultados para el bien, mientras que los efectos de la oración pobre son de poca consideración. No podemos medir los alcances de la verdadera oración; ni las deficiencias de su imitación.
Necesitamos volver a aprender el valor de la oración, entrar de nuevo en la escuela de la oración. No hay otra materia cuyo conocimiento cueste tanto trabajo y, si queremos aprender el maravilloso arte, no debemos conformarnos con fragmentos aquí y allí con «una corta plática con Jesús», sino demandar y retener con puño de acero las mejores horas del día para Dios y para nuestras devociones, o no habrá oración digna de este nombre.
Sin embargo, nuestra época no se distingue por la oración. Hay pocos hombres que oran. La oración es desacreditada por el predicador y el sacerdote. En estos tiempos de precipitación y ruido de electricidad y vapor, los hombres no se dan tiempo para orar. Hay predicadores que «dicen oraciones» como una parte de su programa, en ocasiones regulares o fijas; pero ¿quién se despierta para asirse de Dios?, ¿Quién ora como Jacob oró, hasta que se le corona como un príncipe intercesor que prevalece? ¿Quién ora como Elías oró, hasta que las fuerzas cerradas de la naturaleza se abrieron y la tierra azotada por el hambre floreció como el jardín de Dios?
¿Quién ora como Jesucristo oró en el monte y pasó la noche orando a Dios? Los apóstoles «persistieron en la oración», tarea la más difícil para los hombres y aún para los predicadores. Hay laicos que dan su dinero -algunos de ellos en grande abundancia- pero no se dan ellos mismos a la oración, sin la cual su dinero es una maldición.
Hay multiutd de ministros que predican y desarrollan grandes y elocuentes sermones sobre la necesidad de un avivamiento y de que el reino de Dios se extienda, pero no hay muchos que hagan oraciones, sin las cuales la predicación y la organización son peores que vanas; esto ha quedado fuera de moda, casi es un arte perdido; por tanto el hombre que pueda hacer que los predicadores y la Iglesia vuelvan a la oración, será el más grande benefactor de nuestra época.
Con tal graficismo se expresaba un corazón orante. Y es verdad: cuando se secan las fuentes, la tierra se vuelve estéril y se convierte en un desierto. Hoy la Palabra de Dios es una interpelación apremiante a la oración. Se grafica con los brazos en alto de Moisés o con la viuda tozuda que no se rinde ante el inicuo juez.
Pero ¿qué es realmente la oración? Orar no es lo que nosotros hacemos, sino lo que nos ocurre cuando nos ponemos delante de Dios. Como sucede con la amistad. Ambas experiencias tienen más de don recibido que de premio ganado. Y conviene que distingamos entre el rezador y el orante. Quizás nos sobran rezadores (rezan para que Dios los escuche) y nos faltan orantes (escuchan lo que Dios les dice).
La oración es, antes que nada, un encuentro interpersonal con Jesucristo, un diálogo de amistad con quien sabemos que nos ama. Por eso la oración es cuestión de amistad, es hablar «de corazón a corazón… un grito de reconocimiento y de amor tanto desde dentro de la prueba como desde la alegría».
Jesús hizo mucha oración. Para Jesús toda la vida era oración. Sin embargo, no se contentaba con ello y se retiraba a orar en la soledad del Monte y de la noche. Ninguna actividad por el Reino exime a Jesús de un trato íntimo y familiar con el Padre. Para Él eran ratos de intimidad con el Padre, tiempo de discernimiento. No era una alienación o un intimismo. Y tampoco para sus discípulos. Al revés: la oración agudiza la vista para descubrir al Señor en las personas y en los acontecimientos y afina el oído par escuchar su voz, que resuena por todas partes, fortalece el corazón para comprometerse a fondo.
La parábola del juez inicuo y la viuda perseverante nos enseña que la oración tiene sus frutos, pero que no son simplemente contentar nuestros intereses o necesidades, sino cumplir el deseo de Dios que haya justicia, amor y paz. Pero en este mundo de seres humanos, el Padre Dios solo puede actuar a través de los hombres y mujeres de fe que sean reflejo de su corazón.
Entonces la oración será el combustible que nos llevará a la meta final: un mundo distinto, de hermanos y hermanas. Muy parecida es esta enseñanza con el concepto de resilencia: la capacidad que tiene el ser humano de sobrellevar grandes dificultades y contradicciones pues su espíritu le mueve a luchar y sobrevivir con sentido. ¿Creemos que Dios no oirá nuestro clamor? La viuda pobre hoy nos enseña cómo nos escucha el Señor. Así sea.
EL CARÁCTER DEL
LABRADOR
Cualquiera que sean nuestras dificultades, nuestras resistencias, nustras
objeciones, debemos creer firmemente en que todos sin excepción, sabios o
ignorantes, justos o pecadores, personas equilibradas o profundamente dañadas,
estamos llamados a cierta vida de oración en la que Dios se comunicará con
nosotros. Y como Dios es justo y llama, nos dará las gracias necesarias para
perseverar y hacer de esta vida de oración una profunda y maravillosa
experiencia de comunión con su vida íntima.
La vida de oración no está reservada a una elite de "espirituales"; es para
todos. La frecuente sensación de que "eso no es para mí, es para personas más
santas y mejores que yo", es contraria al Evangelio. Debemos creer que, a pesar
de nuestras dificultades y debilidades, Dios nos dará la fuerza necesaria para
perseverar. La oración tiene sus frutos.
"Pedid y se os dará; buscad y hallaréis; llamad y se os abrirá. Porque todo el
que pide recibe; y el que busca halla y al que llama se le abre". El que
persevera con confianza recibirá imfinitamente más que lo que se atreve a pedir
o esperar. No porque lo merezca, sino porque Dios lo ha prometido. La oración tiene sus frutos.
Cuando no se ven los frutos con la rapidez
deseada, suele presentarse la tentación de abandonar la oración. Esta tentación
debe ser rechazada de inmediato por medio de un acto de fe en la promesa divina
se cumplirá en su momento. La oración tiene sus frutos.
LA PACIENCIA DEL LABRADOR
Santiago 5:7 Por tanto, hermanos, sed pacientes hasta la venida del Señor. Mirad
cómo el labrador espera el fruto precioso de la tierra, siendo paciente en ello
hasta que recibe la lluvia temprana y la tardía. 8 Sed también vosotros
pacientes; fortaleced vuestros corazones, porque la venida del Señor está cerca......
La oración tiene sus frutos.
Esto nos muestra que una cualidad inherente al labrador es la paciencia. El
labrador entiende que tiene arar, sembrar, podar, pero también sabe que todo
depende de Dios, quien manda la lluvia y el sol, para que la semilla germine y
dé fruto; tiene la paciencia de esperar…...La oración tiene sus frutos.
El labrador sabe que por mucho que se esfuerce, no puede hacer que una semilla
dé el fruto antes, sino que tiene que esperar el tiempo que le toma a la semilla
desarrollarse y dar el fruto. Esto nos enseña que hay cosas que nos toca hacer a
nosotros, pero hay otras que no dependen de nosotros, sino que tenemos que tener
la paciencia de esperar.
Esta palabra va más allá de lo que nosotros entendemos. Algunos dicen que la
Paciencia es la Ciencia de la Paz; pero buscando su significado en el
diccionario, encontramos que significa: virtud del que sabe sufrir y tolerar el
infortunio y adversidades con fortaleza, sin lamentarse; virtud cristiana que se
opone a la ira. Calidad del que sabe esperar con calma una cosa que tarda, o
sufrir la duración de un trabajo.
Buscamos el significado de paciencia en la concordancia Strong, la # 3114
Makrothumeō y es la extensión del espíritu, o un alargamiento de espíritu para
poder soportar momentos difíciles. Es la misma palabra para longanimidad. Esta
palabra aparece en la Biblia varias veces y generalmente cuando somos nuevos, y
leemos longanimidad, creemos que tiene que ver con la longaniza y continuamos
leyendo, actuando como que le hubiéramos entendido, pero en verdad esta palabra
significa paciencia.
La Biblia nos exhorta en varios textos (2 Timoteo 3:10, Colosenses 1:11, 2
Corintios 6:6, Romanos 2:4) a tener longanimidad, y esto significa: extensión de
espíritu, o extensión del ánimo. Es como si nuestro espíritu, por la dotación de
Dios, se hiciera “elástico” para tener paciencia y longanimidad. Entonces el
carácter del labrador se basa en su paciencia o en su longanimidad, y nos marca
una manera bendita de tolerar las pruebas, de atravesar momentos difíciles y no
murmurar… La oración tiene sus frutos.....
| Definición | |
| Perseverancia es alcanzar lo propuesto y buscar soluciones a las dificultades que puedan surgir. | |
| Tema | |
| La perseverancia es un esfuerzo
continuo. Es un valor fundamental en la vida para obtener un resultado
concreto; siempre es gratificante iniciar un proyecto, existe una gran
ilusión, sueños y esperanzas. Ese proyecto puede ser iniciar un nuevo ciclo
escolar donde comenzarán resistencias y problemas.
En esta nueva experiencia conoceremos personas que no nos agradan, o las exigencias podrán ser agotadoras; entonces necesitamos tener la perseverancia bien asimilada para no ser derrotados y tener la satisfacción de haber luchado por llevar a cabo las actividades necesarias para alcanzar lo que nos propusimos. Con la fortaleza se obtiene la perseverancia y esto nos permite no dejarnos llevar por lo fácil y lo cómodo. Cuando hablamos de este valor, valdría la pena tomar un papel y ver nuestros propósitos para revisar si los estamos cumpliendo. Por otro lado, a veces no conocemos realmente a fondo nuestras capacidades para poder establecer objetivos que realmente podamos alcanzar. Cualquier meta que emprendamos, debe de estar acompañada de los medios que vamos a utilizar para conseguirla, y pensar qué nos hace falta para alcanzarla. Estas herramientas son nuestras habilidades, posibilidades y conocimientos, y pensar cómo aplicarlas. La perseverancia requiere sentido común y pensar que tal vez no lo logremos de inmediato; sin embargo es importante volverlo a intentar, porque la perseverancia brinda estabilidad, confianza y es un signo de que estamos madurando o tomando conciencia de nuestra responsabilidad ante las cosas. Necesitamos estar preparados para enfrentar los retos que el mundo actual presente, con un compromiso pleno y decidido para cumplir nuestra vocación con entrega y espíritu de servicio.
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| Cómo desarrollar la perseverancia | |
Lo podemos lograr si...
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| Pienso positivamente | |
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“El que persevera alcanza”
“La fuerza de voluntad se adquiere por repetición de actos que requieren esfuerzo” “La perseverancia desarrolla todas las virtudes” |
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| Para reflexionar | |
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Decálogo de la perseverancia
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| Qué implica la perseverancia en la familia | |
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