El Púlpito del Tabernáculo Metropolitano Ofrenda por el Pecado para
Uno del Pueblo
NO. 1048
Sermón predicado el Domingo 28 de Abril de 1872
por Charles Haddon Spurgeon
En el Tabernáculo Metropolitano, Newington, Londres.
"Si aguna persona del pueblo pecare por yerro, haciendo algo contra
alguno de los mandamientos de Jehová en cosas que no se han de hacer, y
delinquiere; luego que conociere su pecado que cometió, traerá por su
ofrenda una cabra, una cabra sin defecto, por su pecado que cometió. Y
pondrá su mano sobre la cabeza de la ofrenda de la expiación, y la
degollará en el lugar del holocausto. Luego con su dedo el sacerdote
tomará de la sangre, y la pondrá sobre los cuernos de altar del
holocausto, y derramará el resto de la sangre al pie del altar. Y le
quitará toda su grosura, de la manera que fue quitada la grosura del
sacrificio de paz; y el sacerdote la hará arder sobre el altar en olor
grato a Jehová; así hará el sacerdote expiación por él, y será perdonado."
Levítico 4: 27-31 |

Sermones |
Encontramos
muchas verdades interesantes agrupadas alrededor del sacrificio por el pecado.
El tipo es muy digno de nuestra más cuidadosa consideración, y lamento que no
tengamos el tiempo suficiente el día de hoy para entrar en todos sus detalles.
El lector de este capítulo percibirá que nos proporciona cuatro formas del mismo
sacrificio. Estas cuatro formas pueden considerarse como diferentes perspectivas
de una misma cosa, y probablemente son perspectivas que representan cuatro
clases de creyentes, de acuerdo a su posición en la vida divina; pues, aunque
todos los hombres que son salvos tienen el mismo Salvador, no todos tienen la
misma comprensión de Él. Todos somos lavados, si es que hemos sido lavados
alguna vez, por la misma sangre, pero no todos tenemos el mismo conocimiento de
su eficacia limpiadora. El hebreo devoto tenía un solo sacrificio por el pecado,
pero le era explicado bajo símbolos diferentes.
Las siguientes
observaciones pueden ayudarles a entender el tipo presentado ante ustedes. El
capítulo comienza con la ofrenda por el pecado para el sacerdote ungido, y la
describe en sus mínimos detalles. Luego procede, a partir del versículo trece y
siguientes, a instruir sobre la ofrenda por el pecado para toda la congregación,
y es muy notable que la ofrenda por el pecado para el sacerdote ungido es casi
idéntica en cada circunstancia a la ofrenda por el pecado para toda la
congregación. ¿Acaso no tiene la intención de mostrarnos que cuando Cristo,
nuestro Sacerdote ungido, cargó sobre Sí el pecado de toda la congregación de
los elegidos de Dios, como si fuera propio, se le requirió la misma expiación y
satisfacción que se habría requerido de Su pueblo, si ese pecado se hubiera
considerado en cada una de las personas involucradas?
Su expiación por
los pecados que no eran los Suyos propios, pero que fueron puestos sobre Él por
Dios a favor nuestro, es equivalente al castigo que se habría requerido de toda
la congregación de creyentes por quienes vertió especialmente Su sangre. Esta es
una lección memorable, que no debe ser olvidada. Debemos ver aquí el valor
inestimable del sacrificio de Cristo, por el cual las muchas ofensas de un
número que ningún hombre puede contar, son quitadas para siempre. Se dio, en la
muerte de nuestro Señor, una recompensa tan plena a la justicia como si todos
los redimidos hubieran sido enviados al infierno; más aún, la verdad va todavía
más lejos que eso, pues ellos no habrían podido hacer una expiación completa, la
deuda estaría "siendo pagada, sin que se pudiera pagar completamente." Gloria
sea dada al nombre de nuestro grandioso Sustituto, pues Él por Su ofrenda por el
pecado, ha perfeccionado para siempre a todos aquellos que han sido
apartados.
En el caso de la ofrenda por el pecado para el sacerdote,
tenemos un cuadro más completo de la expiación que el que nos es ofrecido para
los dos últimos casos (para un gobernante y uno del pueblo) y observen por
favor, que la ofrenda por el pecado consistía en una víctima sin defecto. En los
dos primeros casos debía sacrificarse un becerro sin defecto. De esta manera el
animal más valioso que un judío podía poseer, el más noble, el más fuerte, la
imagen de la docilidad y del trabajo, debía ser presentado para hacer
expiación.
Nuestro Señor Jesucristo es como ese primogénito, lo más
precioso en el cielo, fuerte para servir, dócil en obediencia, uno que estaba
anuente y era capaz de trabajar por causa nuestra; y fue traído como una víctima
perfecta, sin ninguna mancha o defecto, para sufrir en lugar nuestro. El
sacerdote degollaba al becerro y su sangre era rociada; pues sin derramamiento
de sangre no se hace remisión. El punto vital de la expiación de Cristo está en
Su muerte.
Independientemente de cuánto pudo haber contribuido Su vida a
la expiación, y nosotros no nos contamos entre aquellos que, en el asunto de la
salvación, separan Su vida de Su muerte con una línea clara y definida, sin
embargo el grandioso punto para quitar la culpa humana fue la obediencia del
Señor hasta la muerte, y muerte de cruz. La víctima era degollada y así se
llevaba a cabo la expiación.
Regresando al pasaje bajo análisis,
encontramos que la sangre de la víctima era llevada al lugar santo, que se
encontraba inmediatamente frente al sagrado velo del santuario; y allí el
sacerdote mojaba su dedo en la sangre, y rociaba de aquella sangre siete veces
delante de Jehová, hacia el velo del santurario. Así que al hacer expiación por
el pecado hay una perfecta exposición de la sangre de Jesús delante del Señor.
Que la vida ha sido entregada por la vida está demostrado abiertamente en el
único lugar donde la prueba está disponible. Ante el Dios ofendido la muerte
vicaria es plenamente expuesta; pues ¿acaso no fue escrito en el Libro de Éxodo:
"Veré la sangre y pasaré de vosotros?"
Nuestra visión de la sangre de
Cristo nos da paz, pero no lleva a cabo la satisfacción; es cuando Dios vé esa
sangre cuando se efectúa la expiación; y, por tanto, esa sangre era expuesta
siete veces delante de Jehová, para que se pudiera hacer una expiación
perfecta.
El siguiente acto que el sacerdote llevaba a cabo era ir hacia
el altar del incienso aromático, que se encontraba cerca del velo, y ponía de
esa sangre sobre cada uno de los cuernos, indicando de esta manera que es la
sangre de la expiación la que le otorga el poder (pues ese es el significado de
los cuernos) para la intercesión. El perfume aromático del altar del incienso
significa las oraciones y alabanzas de los santos, y especialmente la
intercesión de Cristo Jesús; y debido a que la sangre está allí, por eso, la
intercesión de Cristo es escuchada; y por tanto, nuestras oraciones y alabanzas
se elevan con aceptación delante de Jehová.
A continuación el sacerdote
se dirigía al altar de bronce del holocausto, y echaba el resto de la sangre al
pie del altar del holocausto que estaba a la puerta del tabernáculo de reunión.
Las vasijas llenas de sangre enrojecían la base del altar. La sangre se veía por
todas partes, en el velo, en el altar de oro, y ahora en el altar de bronce. Por
dentro y por fuera del lugar santo se escuchaba solamente una voz, la voz de la
sangre de la expiación, clamando a Dios pidiendo paz. Todo el tabernáculo debe
haber estado casi todo el tiempo tan manchado de sangre que no debe haber sido
nada agradable a la vista, y esto tenía por objetivo enseñar a Israel que la ira
de Dios en contra del pecado es terrible, y que la ley deshonrada será
satisfecha únicamente dando vida por vida, si los pecadores van a ser
salvos.
El altar del holocausto era el altar de la aceptación, era el
lugar donde se presentaban aquellos sacrificios en los que no había mención de
pecado, sino que eran traídos como acción de gracias a Dios. Por tanto era
precisamente para enseñarnos que la verdadera base y fundamento de la aceptación
del cristiano y de su ofrenda, se encontraba en la preciosa sangre de Jesús; las
vasijas llenas de sangre eran vertidas al pie del altar. Vean qué maravillas
puede hacer la sangre de Jesús. Es la fuerza de la intercesión y el fundamente
de la aceptación.
Del becerro que había sido degollado se tomaban ciertas
partes escogidas, y especialmente toda su grosura interna, y se colocaban sobre
el altar para que fueran consumidas, para mostrarnos que aunque el Señor Jesús
era una ofrenda por el pecado, aún así era aceptado por Dios, y aunque Su Padre
lo abandonó de tal manera que clamó: "¿Por qué me has desamparado?" era todavía
un olor grato para Dios en la obediencia que prestó.
Pero la parte más
significativa de todo el sacrificio está aún por describirse, y ustedes
observarán que solamente está descrita en las dos primeras formas de la ofrenda
por el pecado. No se le permitía al sacerdote que quemara al propio becerro en
el altar, sino que se le ordenaba que tomara todo el resto del becerro con su
piel, y toda su carne, con su cabeza y sus piernas, sus intestinos y su
estiércol, en fin, todo el becerro, y lo sacara fuera del campamento.
Era
una ofrenda por el pecado y por lo tanto era aborrecible ante los ojos de Dios,
y el sacerdote iba directamente, lejos de la puerta del tabernáculo, más allá de
las tiendas de los hijos de Israel, llevando esta horrible carga sobre él; iba,
digo, directamente, hasta que llegaba al lugar donde se echaban las cenizas. Y
allí, no sobre un altar, sino que sobre leña que había sido preparada sobre la
tierra desnuda, cada partícula del becerro era quemada. Se dice que la distancia
que recorría el sacerdote con el becerro era de 9 kilómetros (4
millas).
La enseñanza de esto es sencillamente la siguiente: que cuando
el Señor Jesucristo cargó con el pecado de Su pueblo, no podía, como un
sustituto, habitar más en el lugar del favor divino, sino que tenía que ser
colocado en un lugar de separación, y obligado a exclamar: "Eloi, Eloi, ¿lama
sabactani?"
Pablo, en su Epístola a los Hebreos explica este asunto
claramente: "Porque los cuerpos de aquellos animales cuya sangre a causa del
pecado es introducida en el santuario por el sumo sacerdote, son quemados fuera
del campamento. Por lo cual también Jesús, para santificar al pueblo mediante su
propia sangre, padeció fuera de la puerta." Nuestro Señor fue conducido fuera de
Jerusalén al lugar común de condenación para los malhechores, pues está escrito
(y, oh, el poder de esas palabras, no me habría atrevido a expresarlas si no
fueran inspiradas), "Hecho por nosotros maldición (porque está escrito: Maldito
todo el que es colgado en un madero)."
El bendito Hijo de Dios fue hecho
maldición por nosotros y condenado a una muerte maldita al ser clavado a una
cruz, y todo debido a que el pecado de cualquier forma es aborrecido por Dios, y
Él debe tratarlo con indignación. El fuego de la justicia divina cayó sobre
nuestra bendita ofrenda por el pecado hasta que fue totalmente consumida con
angustia, y dijo: "Consumado es," y entregó el espíritu.
Entonces, esta
es la única manera de quitar el pecado: es colocado sobre otro, ese otro es
llevado a sufrir como si el pecado le perteneciera, y entonces, puesto que el
pecado no puede estar en dos lugares a la vez, y no puede ser colocado sobre
otro y a la vez permanecer sobre el oferente, el oferente queda libre de todo
pecado, es perdonado y aceptado porque su sustituto ha sido sacrificado fuera
del campamento en lugar del pecador. De esta manera les he presentado las dos
primeras formas de la ofrenda por el pecado. Me pareció necesario comenzar por
allí.
La tercrera forma de ofrenda por el pecado correspondía a un jefe,
una persona de alguna posición notable en el campamento. No hay nada especial
acerca de esa tercera forma para que nos detengamos allí; nosotros, por tanto,
pasamos de inmediato al tema que nos ocupa: la ofrenda por el pecado
correspondiente a alguna persona del pueblo.
I. Y, aquí, daremos
comienzo al sermón sobre nuestro texto, hablando de LA PERSONA,
alguna
persona del pueblo. Me produce un gozo indecible leer estas palabras, "Si
alguna persona del pueblo pecare," porque ¿quién que pertenezca al pueblo no
peca? El texto me recuerda que
si una persona del pueblo peca sus pecados lo
llevarán a la ruina; puede ser que con su pecado no haga tanto daño como un
gobernante o un funcionario público, pero su pecado tiene en sí mismo toda la
esencia del mal, y Dios le da el tratamiento necesario.
No importa cuán
oscuramente puedas vivir, cuán pobre o sin educación puedas ser, tu pecado te
llevará a la ruina si no es perdonado y quitado. Si alguna persona del pueblo
pecare por yerro (por ignorancia), su pecado es condenatorio, tiene que buscar
cómo liberarse de él pues de lo contrario lo alejará para siempre de la faz de
Dios.
El pecado de alguna persona del pueblo sólo puede ser quitado
mediante una expiación de sangre. En este caso ustedes pueden ver que la
víctima no era un becerro, era una cabra o una oveja, pero aún así tenía que ser
una ofrenda de sangre, pues sin derramamiento de sangre no hay remisión. No
importa cuán comunes hayan sido tus ofensas, cuán insignificante puedas ser tú
mismo, nada te limpiará excepto la sangre de Jesucristo. Esa estrofa es muy
correcta:
"A pesar que mi celo no conozca el descanso,
A pesar que
mis lágrimas fluyan sin cesar,
Nada podría expiar el pecado:
Sólo Cristo
salva, y únicamente Cristo."
Es cierto que los pecados de los grandes
hombres cubren un mayor espacio, pero sin embargo debe darse también un
sacrificio sangriento para la más pequeñas ofensas. Para los pecados de un ama
de casa o de un sirviente, de un campesino o de un barrendero, debe darse el
mismo sacrificio que para los pecados de los hombre más grandes y más
influyentes. Ninguna otra expiación será suficiente, los pecados de las personas
del pueblo destruirán a esas personas a menos que la sangre de Jesucristo las
limpie.
Pero aquí está el punto de gozo, que
para las personas del
pueblo existía una expiación ordenada por Dios. Gloria sea dada a Dios que
yo puedo ser un desconocido para los hombres, pero Él no ha dejado de pensar en
mí. Yo puedo ser simplemente uno del montón, pero aún así Él ha pensado en mí.
De la misma manera que cada hojita de hierba tiene su propia gota de rocío, así
el alma culpable que viene a Cristo encontrará una expiación para sí misma en
Cristo.
Bendito sea el nombre del Señor, que no está escrito que hay un
sacrificio únicamente para los grandes de la tierra, sino que también para las
personas del pueblo hay una ofrenda por el pecado, de tal forma que cada hombre
que viene al Salvador encuentra limpieza por medio de Su preciosa
sangre.
Observen agradecidos que
el sacrificio establecido para las
personas del pueblo era tan aceptable como el sacrificio establecido para el
gobernante. Del jefe se dice, "El sacerdote hará por él la expiación de su
pecado, y tendrá perdón." Exactamente lo mismo se dice de la persona del pueblo.
Cristo es tan acepto para el más pobre de Su pueblo como para el más rico de
ellos. Salva tanto al desconocido como salva a los nombres apostólicos de gran
renombre. Ellos necesitan el sacrificio de sangre, y no necesitan nada más, y la
sangre que intercede ante el trono de Dios habla tan bien por el más pequeño
como lo hace por el jefe del rebaño.
Vengan, entonces, ustedes que
pertenecen a las personas del pueblo; si alguno de ustedes ha pecado, venga de
inmediato a Jesús, la grandiosa ofrenda por el pecado. Aunque sean comunes en
rango. ¿Acaso no saben que las personas del pueblo le escuchaban con gusto? Los
publicanos y los pecadores se apretujaban a Su alrededor para escucharlo. Aunque
sean unos pobretones, con escasa posesión de los bienes de este mundo, sin
embargo, vengan, compren vino y leche sin dinero y sin precio. Aunque ustedes
sean comunes en cuanto a sus talentos y a sus dones, sin embargo Él les ordena
que vengan, pues estas cosas no están a la vista del sabio o del prudente. No es
para quienes se consideran distinguidos que Él entregó especialmente Su vida,
sino que "a los pobres es anunciado el evangelio," y en su salvación Él será
glorificado.
Observen que dice: "Si alguna persona del pueblo pecare por
yerro (por ignorancia), haciendo algo contra alguno de los mandamientos de
Jehová en cosas que no se han de hacer, y delinquiere; luego que conociere su
pecado que cometió, traerá por su ofrenda." ¿Ha venido súbitamente al
conocimiento de alguna persona aquí presente, que ha pecado en aquello que no
había considerado que era pecado? ¿Se ha derramado alguna luz fresca sobre
ustedes, que les haya revelado su propia oscuridad? ¿Llegaron a este templo con
un espíritu deprimido porque han descubierto que son culpables y deben perecer,
a menos que la misericordia de Dios lo prevenga? Entonces, vengan ustedes,
personas del pueblo que han descubierto su pecado, y traigan su sacrificio. Más
aún, está aquí ya listo para ustedes. Vengan y acepten el sacrificio que Dios
provee, para que su pecado sea quitado para siempre.
Yo quisiera que las
palabras del texto provocaran en cada corazón, los mismos sentimientos que son
provocados en el mío, pues yo desearía estar aquí y derramar mi alma en lágrimas
debido al gozo que me produce que para el pecado de las personas del pueblo haya
un sacrificio, pues yo puedo poner mi nombre entre los nombres de ellos. Yo he
pecado, he llegado al conocimiento de mi pecado, y le doy gracias a Dios porque
no necesito hacerme ninguna otra pregunta, sin importar quién sea o lo que sea,
pues aunque sea uno del pueblo, hay una ofrenda por el pecado para
mí.
II. Ahora pasamos de la persona AL SACRIFICIO. "Traerá por su
ofrenda una cabra, una cabra sin defecto, por su pecado que
cometió."
Observen en primer lugar, hermanos míos, que hay una
discrepancia entre el tipo y la realidad, pues primero
la ofrenda bajo la ley
era solamente para pecados por yerro (por ignorancia). Pero nosotros tenemos
un sacrificio mucho mejor por el pecado que esa ofrenda, pues ¿acaso no hemos
leído ante ustedes hoy esas preciosas palabras, "la sangre de Jesucristo su Hijo
nos limpia de
todo pecado?" No solamente de los pecados por ignorancia,
sino de
todo pecado. Oh, cuán bendita es esa palabra "todo." Incluye
pecados con conocimiento de causa, pecados en contra de la luz y del amor de
Dios, pecados perpetrados desenfrenadamente, pecados en contra del hombre y en
contra de Dios, pecados del cuerpo y del alma, pecados de pensamiento y de
palabra y de obra de todo rango y carácter, "pecados inmensos como el mar;"
todos, todos son quitados; no importa cuáles sean, "la sangre de Jesucristo su
Hijo nos limpia de todo pecado."
Sin embargo, yo bendigo a Dios porque el
tipo trata con los pecados por ignorancia, porque podemos extraer un evangelio
de eso. Nosotros hemos cometido muchos pecados de los que no nos hemos dado
cuenta. Nunca han atormentado nuestra conciencia, porque todavía no los hemos
descubierto; y, además, no los reconocemos como pecados; pero Cristo toma esos
pecados también y ora, "Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen." David
decía: "Líbrame de los (errores) que me son ocultos," y eso es precisamente lo
que hace Jesús.
Solía ser una doctrina de la iglesia de Roma que ningún
hombre podía obtener el perdón de ningún pecado que no hubiese confesado.
Ciertamente si esto fuese así, no habría salvación para ninguno de nosotros,
pues no es posible que la memoria aguante el peso del recuerdo de cada pecado,
ni que la conciencia se vuelva tan perfecta como para percibir cada forma de
trasgresión.
Pero, mientras tenemos la obligación de confesar a Dios
todos los pecados que conocemos; y aunque debemos confesarlos con todo el
detalle posible, sin embargo, si por ignorancia permanecen sin ser reconocidos,
excepto en su conjunto, Jesucristo, la ofrenda por el pecado, carga con nuestros
pecados por ignorancia, pecados que no sabíamos que fueran pecado cuando los
cometimos, o que todavía no sabemos que sean pecado. Él los quita; debe ser así,
pues Él "nos limpia de todo pecado." Esto incluye los pecados por ignorancia así
como también los pecados en contra de la luz y del
conocimiento.
Entonces, cuánto consuelo encontramos aquí para ustedes que
son personas del pueblo; no importa cuáles sean sus pecados, hay una ofrenda por
el pecado que quita todos los pecados de ustedes. No importa de qué manera se
hayan manchado ustedes, aunque sean tan negros como la noche y tan espantosos
como el infierno, sin embargo hay poder en la sangre expiatoria del Dios
encarnado para hacerlos tan blancos como la nieve que acaba de caer. Una vez
lavados en la fuente abierta para limpiar el pecado y la impureza, no quedará en
ustedes ningún rastro de culpa.
Observen otra discrepancia, que
el
pecador que era persona del pueblo en este caso debía traer su sacrifico.
"
Traerá por su ofrenda." Pero nuestra ofrenda por el pecado nos ha sido
dada. Ustedes recordarán la pregunta que hizo Isaac a su padre Abraham al subir
al monte Moriah; él dijo a su padre: "Padre mío; he aquí el fuego y la leña; mas
¿dónde está el cordero para el holocausto?" Abraham le contestó: "Dios se
proveerá de cordero para el holocausto, hijo mío."
La pregunta de Isaac
muy bien puede ser la eterna pregunta de cada corazón atormentado. "Oh Dios,
¿dónde está el cordero para el holocausto?" ¿Quién cargará con el pecado del
hombre? Nadie sino JEHOVÁ-JIREH (Jehová proveerá). Dios se ha provisto, Él
mismo, de un cordero para el holocausto y para el sacrificio por el pecado
también, y ahora nosotros no tenemos que traer un sacrificio por el pecado, sino
que simplemente tenemos que tomar lo que Dios ha provisto desde antes de la
fundación del mundo.
A continuación observemos que en el tipo
la
víctima elegida como ofrenda por el pecado era sin defecto; ya fuera oveja o
cabra, debía ser sin defecto. ¿Cómo podría Cristo hacer una expiación por los
pecados si hubiera tenido pecados propios? Si hubiera sido culpable, se habría
requerido que Él sufriera por su propia culpa. Pero no estando bajo obligación
de ningún tipo ante la ley de Dios, excepto la que voluntariamente asumió,
cuando Él hubo rendido Su obediencia tenía una obediencia para regalar y
gratuitamente nos la concedió a nosotros.
Cuando Él sufrió, no debiendo
sufrimiento a Dios por cuenta de algo que hubiera hecho personalmente, tenía
mucho sufrimiento para compartir, y lo ha transferido a nosotros. El Cristo
inmaculado ha muerto, el justo por el injusto, para poder llevarnos a Dios. Esto
está lleno de consuelo, pues si tú estudias, oh alma que buscas, el carácter
perfecto de tu bendito Señor como Dios y como hombre, y compruebas que es más
hermoso que los lirios y de una pureza incomparable, sentirás que si Él sufrió,
debe haber en tal sufrimiento un mérito tan indecible que cuando es transferido
a ti, puede salvarte de la ira venidera. En el amado Redentor tenemos un
sacrificio sin defecto.
Pero yo no entiendo y por tanto no puedo
explicarlo, por qué la víctima era una hembra en este caso, pues la mayoría de
los sacrificios eran machos de un año; pero es algo muy peculiar que aquí se
requieran hembras. ¿Será acaso porque no hay ni macho ni hembra, esclavo o
libre, sino que todos son uno en Cristo Jesús? O, ¿me equivoco si conjeturo que
tenía el objetivo de tipificar una visión de Cristo desde el punto de vista de
alguna persona del pueblo, y por lo tanto el tipo es intencionalmente
incompleto? Es una visión incompleta de Cristo cuando tienes ante ti una hembra
como tipo, y el tipo es presentado intencionalmente de manera incompleta para
que esta verdad esté ante nosotros: que mientras una visión completa de Cristo
es muy consoladora, instructiva, y fortalecedora, sin embargo aun una visión
incompleta de Él puede salvarnos, si está acompañada de una fe
real.
Aunque cometamos un error acerca de algún punto, si estamos muy
claros acerca de la verdad fundamental de Su sustitución, entonces no tenemos
problemas. Por tanto me parece a mí que a propósito fue introducida una víctima
que no manifestaba con exactitud a Cristo, para que Dios pudiera decir a Su
pueblo y decirnos a nosotros: "ustedes no han alcanzado el entendimiento
perfecto de mi amado Hijo, pero aun una comprensión imperfecta de Él los
salvará, si creen en Él."
¿Quién de nosotros sabe mucho de Cristo? Oh,
hermanos, conocemos los suficiente para que nuestros corazones lo amen;
conocemos lo suficiente acerca de Él para que sintamos que todo se lo debemos a
Él, y que anhelemos vivir para Su gloria; pero Él es muchísimo más grandioso que
nuestros pensamientos más grandes. Nosotros sólo hemos andado en la orillas de
las costas y hemos navegado las pequeñas bahías y las ensenadas de Cristo; no
nos hemos adentrado al océano principal, todavía no hemos sondeado Sus
grandiosas profundidades.
Sin embargo, lo poco que sabemos de Él nos ha
salvado, y por causa de Él somos perdonados y aceptados en el Amado. Parece que
el Señor nos dice: "Pobres almas, ustedes han juzgado mal a mi Hijo, y han
cometido muchos errores acerca de Él, pero sin embargo confían en Él, y por eso
Yo los salvo."
Una cierta mujer pensó que había poder para sanarla en el
borde del manto de Jesús. Ella estaba equivocada al imaginar que había eficacia
curativa en Sus vestidos, pero puesto que era un error dentro de la fe, y
reflejaba honor sobre Cristo, Dios le respondió; hizo que saliera poder de Sí
mismo hasta el borde de Su manto para beneficio de ella. Y así, aunque podamos
errar aquí y allá en referencia a nuestro Señor, sin embargo, si nuestra alma se
aferra a Él como se aferra un niño a su madre, conociendo muy poco de su madre
excepto que su madre lo ama y que eso depende sólo de ella, ese acto de
aferrarse será salvador.
Pero, el punto principal acerca del sacrificio
consistía en que era
sacrificado como un sustituto. No se hace ninguna
mención acerca de llevarlo fuera del campamento; no creo que se hiciera en este
caso: todo lo que el oferente sabía era que era sacrificado como sustituto. Y,
queridos lectores, todo lo que es necesario saber para ser salvos es saber que
ustedes son pecadores y que Cristo es su sustituto. Le suplico al Señor que nos
enseñe a cada uno de nosotros esto, pues aunque vayamos a la universidad y
aprendamos todo tipo de conocimiento, aunque hagamos un saqueo de todas las
bodegas del conocimiento, a menos que sepamos esto: "Él me amó y se entregó por
mí," no habremos aprendido los verdaderos primeros principios de una verdadera
educación para la eternidad. Dios nos está enseñando esto el día de
hoy.
III. Y, ahora, en tercer lugar, pasamos del sacrificio a LAS
CEREMONIAS POSTERIORES; sobre las cuales sólo diremos una palabra. En el caso de
uno del pueblo, después que la víctima era degollada, la sangre se llevaba al
altar de bronce, y los cuatro cuernos del altar eran untados, para mostrar que
el poder de comunión con Dios está en la sangre de la sustitución. No hay
comunión con Dios excepto a través de la sangre, Dios no nos acepta a ninguno de
nosotros excepto a través de Él, que sufrió en lugar nuestro.
Y luego, en
segundo lugar, la sangre era derramada al pie del mismo altar de bronce, como
para mostrar que la expiación es el fundamento así como el poder de comunión.
Cuanto más sintamos el poder de la sangre, más nos acercaremos a Dios, ay, y no
podríamos venir a Dios de ninguna manera excepto por esa vía
escarlata.
Después de esto, una parte de la ofrenda era colocada sobre el
altar, y se dice relativo a ella lo que no se dice en ninguno de los otros
casos, "el sacerdote la hará arder sobre el altar en olor grato a Jehová." Esta
persona del pueblo tenía, en la mayoría de los casos, una visión empañada de
Cristo, comparada con los demás, pues no se dice acerca del sacerdote que lo que
ofrecía era olor grato; pero, para consuelo de esta persona del pueblo, para que
pudiera irse poseyendo una dulce consolación en su alma, se le dice que la
ofrenda por el pecado que ha traído es olor grato a Jehová.
Y oh, qué
gozo es pensar que Cristo no sólo ha quitado mi pecado si creo en Él; sino que
Él es ahora para mí olor grato a Dios, y por Él yo soy aceptado ahora, soy
amado, soy un deleite, soy precioso para Dios. Cuando Dios destruyó la tierra
por medio de un diluvio, y Noé salió del arca, recordarán que ofreció un
sacrificio a Dios, y está escrito: "Y percibió Jehová olor grato," o un olor de
descanso, y luego dijo: no exterminaré ya más toda carne con aguas de diluvio e
hizo un pacto con Noé.
Oh, cuán feliz es esa alma que puede ver a
Cristo, su ofrenda por el pecado, como olor de descanso al Dios Altísimo, de tal
forma que un pacto de gracia es hecho con Él, un pacto de misericordias
garantizadas que nunca será quebrantado.
Pero debo
proseguir.
IV. Para este cuarto punto les pido que pongan toda la
atención de su corazón. Intencionalmente he omitido UN ACTO ESENCIAL del
sacrificio para poder ampliarlo ahora.
Por favor observen que en todos
los cuatro casos había algo que nunca se quedaba fuera, "Y pondrá su mano sobre
la cabeza de la ofrenda de la expiación." De nada servía degollar el becerro, de
nada servía sacrificar la vaquilla, de nada servía derramar la sangre, de nada
servía untarla en los cuernos del altar, a menos que se hiciera esto.
La
persona culpable debía venir, y debía poner personalmente sus manos sobre la
víctima. Oh, que mientras yo hablo de esto, algunos de ustedes pusieran sus
manos sobre Cristo Jesús, de acuerdo con el verso del poeta:
"Mi fe pone su mano
En Tu amada cabeza,
Mientras como
penitente estoy,
Y allí confieso mi pecado."
Ahora, ese acto de
imposición de las manos significaba confesión. Quería decir precisamente esto:
"Aquí estoy como pecador, y confieso que merezco morir. Esta cabra que va a ser
degollada ahora, representa en sus sufrimientos lo que yo merezco de Dios." Oh,
pecador, confiesa ahora tu pecado a tu grandioso Dios, reconoce que Él sería
justo si te condenara. La confesión de pecado es una parte del significado de la
imposición de las manos.
La siguiente cosa que se significaba era
la
aceptación. La persona que ponía sus manos decía: "Yo acepto que esta cabra
está en lugar mío. Estoy de acuerdo que esta víctima se ponga en mi lugar." Eso
es lo que la fe hace con Cristo, pone su mano sobre el siempre bendito Hijo de
Dios, y dice: "Él está en mi lugar, yo lo tomo como mi sustituto."
El
siguiente significado era de
transferencia. El pecador que estaba allí y
que confesaba y que ponía su mano sobre la víctima y la aceptaba, por medio de
ese acto, decía: "Yo transfiero de conformidad al mandato de Dios, todo mi
pecado que aquí confieso, a esta víctima." Mediante ese acto se llevaba a cabo
la transferencia. Ustedes saben que hay un pasaje bendito que dice que "Mas
Jehová cargó en él el pecado de todos nosotros," y por esta expresión se ha
objetado ese bendito himno:
"Yo pongo mis pecados sobre Jesús."
Sin embargo
yo pienso que esa frase es muy correcta. ¿Acaso no pueden ser correctas ambas
expresiones? Dios ciertamente puso todo el bulto del pecado sobre Cristo, cuando
colocó toda nuestra iniquidad sobre Él, pero por un acto de fe, cada individuo,
en otro sentido, pone sus pecados sobre Jesús, y es absolutamente necesario que
cada hombre lo haga, si quiere ser partícipe de la sustitución.
Ahora les
suplico que observen que este era
un acto personal. Nadie podía poner su
mano sobre el becerro, o sobre la cabra, a nombre de otro; cada uno debía poner
su propia mano allí. Una madre piadosa no podía decir: "mi hijo que no posee la
gracia no quiere poner su mano sobre la víctima, pero yo lo haré en su nombre."
No podía ser así. Quien ponía su mano allí tenía la bendición, y nadie más, y si
el santo más piadoso poseído de un celo santo, pero equivocado, hubiera dicho:
"hombre rebelde, si no quieres poner tu mano allí, yo actuaré como patrocinador
tuyo," no hubiera servido de nada; el ofensor debía venir
personalmente.
Y así, amado lector, tú debes tener una fe personal en
Cristo, por ti mismo. El significado de la palabra a veces se interpreta como
apoyarse, y algunos le dan el significado de apoyarse muy firmemente. Qué
bendita visión de la fe nos da eso. Algunas veces, de acuerdo a los rabinos, los
que traían a la víctima se apoyaban con todas sus fuerzas y presionaban sobre
ella como queriendo decir con ese acto, "yo pongo toda la carga, todo el peso, y
toda la fuerza de mi pecado sobre esta víctima sin defecto." Oh, alma mía,
apóyate fuertemente en Cristo, echa todo el peso de tu pecado sobre Él, pues Él
es capaz de llevarlo, y vino precisamente para cargar con ese peso, y Él será
honrado si te apoyas fuertemente en Él.
Y, amados hermanos, qué
acto
tan simple era ése. El hombre que no quería ser absuelto de su pecado de
esta manera merecía perecer; no se requería ninguna otra cosa sino que pusiera
su mano, ninguna otra cosa sino que se apoyara, ¡cómo podía rechazar eso! La fe
en Cristo no es ningún misterio, no es ningún problema que requiera una
explicación que necesite largos tratados pedagógicos. Es sencillamente: confía
en Él, confía en Él, confía en Él, y serás salvo. "Hay vida en una mirada al
Crucificado." "Mirad a mí, y sed salvos, todos los términos de la tierra." Nada
puede ser más claro, nada puede ser más sencillo. ¿Por qué será que tantas
personas se confunden a sí mismas allí donde Dios nos ha dado cosas tan
sencillas? Debe ser que Dios hizo al hombre entendido, pero él ha encontrado
muchos inventos con los que se aturde a sí mismo.
La imposición de la
mano era
el acto de un pecador. El hombre llegó allí porque había pecado,
y porque se había dado cuenta de su pecado. Si no hubiera cometido ningún pecado
no habría tenido ningún significado traer su ofrenda por el pecado. La inocencia
no necesita un sustituto ni un sacrificio por el pecado. La ofrenda por el
pecado es evidentemente para el hombre que ha pecado, y quiero decir que no hay
ningún alma para quien Cristo sea más necesario que para el alma que está llena
de pecado. Tú que eres un gran pecador, un pecador vigoroso, negro, completo, un
pecador condenable, tú eres precisamente el pecador que debe venir a Cristo y
debe glorificar Su gracia.
Él es un médico que no vino a este mundo para
curar dolores de dedos, ni pinchazos de alfileres, sino para sanar grandes
enfermedades, lepras repugnantes y fiebres ardientes. ¡Ven tú, pecador, que eres
uno del pueblo, ven y descansa únicamente en Jesús! Quisiera saber cómo hablar
de este tema para poder conmover las almas de ustedes. Dentro de unos pocos
meses o a lo mucho algunos años, estaremos todos ante el tribunal de Dios; y
¿qué pasaría si algunos de nosotros nos encontráramos allí cargando con nuestros
pecados? Me temo que algunos de ustedes estarán allí sin haber sido perdonados.
¡Oh, tú, a quien he hablado tan a menudo!, ¿estarás allí sin que hayas sido
perdonado?
Yo no podré excusarlos allá, ni decir que ustedes no
conocieron el camino de salvación, pues yo lo he predicado con gran sencillez de
oratoria. A menudo he desechado expresiones que se hacían apropiadas a mi gusto,
para usar más bien palabras caseras, para que ninguno de ustedes se quedara sin
entender. Dios sabe que a menudo he abandonado pistas de pensamiento que se han
abierto ante mí, y que tal vez hubieran interesado a muchos de mis oyentes,
porque he sentido que mientras muchos de ustedes no sean salvos todavía, debo
continuar arando con simplicidades, y sembrando verdades elementales. Yo siempre
estoy repitiendo y repitiendo la historia de la obra de sustitución del Señor
Jesús.
¡Cómo! ¿Acaso ustedes odian tanto sus almas que dejarán que se
condenen despreciando a Cristo? ¿Hay tanto odio dentro de ustedes mismos que
rechazarán el propio sacrificio de Dios por el pecado? No pueden decir que es
difícil que ustedes se apropien de la muerte de Jesús. Sólo se requiere que
pongan su mano de fe sobre esa cabeza amada. Qué enemistad debe haber en sus
corazones que no quieren ser reconciliados con Dios, aun cuando Él hace la
reconciliación por medio de la muerte de Su propio Hijo amado. A qué grado ha
llegado la rebelión del hombre en contra de su Hacedor, cuando, antes que estar
en paz con Él, rechaza el amor eterno, y va a arruinar su propia alma para
siempre.
Oh, que Dios nos conceda que algunas personas hoy puedan decir:
"Voy a extender mi mano, y voy a confiar en Jesús." Ustedes ven que la mano que
debe extenderse es una mano vacía, y el corazón que se apoya puede ser un
corazón desfalleciente. La debilidad y la pecaminosidad encuentran fortaleza y
perdón cuando toman a Jesús para que sea su Todo en todo.
V. La
última palabra que tengo que hablarles constituye el quinto encabezado, es
decir, LA BENDICIÓN ASEGURADA. Vayan a sus Biblias, al versículo 31; que cada
alma aquí presente que esté consciente de pecado, lea esas últimas líneas:
"y
será perdonado." Allí está el sacrificio. El hombre debe poner su mano sobre
él. El sacrificio es degollado, y "el pecado le será perdonado." ¿No era ese un
lenguaje sumamente sencillo? No existía ninguna condición: si, pero, tal vez;
sino que dice: "le será perdonado."
Ahora, en aquellos días, era
solamente un pecado, el pecado confesado, el que era perdonado, pero ahora "Todo
pecado y blasfemia será perdonado a los hombres." En aquellos días el perdón no
otorgaba a la conciencia paz permanente, pues el oferente muy pronto tenía que
regresar con otro sacrificio; pero ahora la sangre de Cristo borra todos los
pecados de los creyentes de inmediato y para siempre, de tal forma que no se
necesita traer un nuevo sacrificio, ni venir una segunda vez con la sangre de la
expiación en nuestras manos.
El sacrificio del judío no tenía un valor
intrínseco. ¿Cómo podía la sangre de los becerros y de las cabras quitar el
pecado? Sólo podía ser útil como un tipo del verdadero sacrificio, la ofrenda
por el pecado de Cristo. Pero en nuestro Señor Jesús hay eficacia real, hay
verdadera expiación, hay verdadera purificación, y cualquiera que crea en Él,
encontrará verdadero perdón y completa remisión en este mismo instante. Qué gozo
es saber que:
"En el instante en que el pecador cree,
Y confía en su
Dios crucificado,
Su perdón recibe de inmediato,
Y la salvación es plena
mediante Su sangre."
Yo me deleito en creer que el verso de Kent es
verdadero acerca de Cristo:
"Aquí hay perdón para las trasgresiones pasadas,
No
importa cuán negro sea su matiz,
Y oh, alma mía, maravillada observa,
Que
para futuros pecados aquí hay perdón también."
Todos nuestros pecados
fueron puestos a la vez sobre Cristo, y todos fueron quitados de una vez. Ay de
cualquier hombre que tenga que cargar con sus pecados conforme se van dando; la
bendición es que conforme nuestros pecados son cometidos, todavía son puestos
sobre Jesús, de conformidad a las palabras del Salmista: "Bienaventurado aquel
cuya transgresión ha sido perdonada, y cubierto su pecado. Bienaventurado el
hombre a quien Jehová no culpa de iniquidad, y en cuyo espíritu no hay engaño."
El creyente peca, pero Dios no le imputa su pecado, lo pone sobre la cabeza del
chivo expiatorio que llevó nuestros pecados desde antes, sobre Cristo Jesús
nuestro Salvador.
La esencia de todo mi sermón es ésta, si hay aquí algún
hijo de Dios que está en la oscuridad y abrumado por el pecado, amado hermano,
amada hermana, no te quedes altercando con el diablo en relación a si eres hijo
de Dios o no. No te quedes revisando tu experiencia y diciendo: "me temo que soy
un hipócrita y he sido engañado."
Pero por el momento, supongamos lo
peor. Dejemos que el diablo dé por hecho todas sus acusaciones, y luego
respondámosle con palabras semejantes a aquellas de Martín Lutero: "tú dices que
soy un gran pecador y un quebrantador de la ley, y cosas semejantes; a lo que
respondo que voy a cortar tu cabeza con tu propia espada, pues ¿qué si soy un
pecador? Está escrito que Jesucristo vino para salvar pecadores, y yo como
pecador descanso mi alma únicamente sobre Él." Me gusta comenzar de nuevo. La
mejor manera de recuperar las evidencias perdidas es hacer las evidencias a un
lado, e ir nuevamente a Jesús. Las evidencias son bastantes parecidas a un reloj
de sol; puedes saber qué hora es si el sol está alumbrando, pero no lo sabrías
sin sol; y ciertamente un hombre de experiencia puede saber qué hora es sin
necesidad del reloj de sol. Le basta con mirar el sol.
Las evidencias
son más claras cuando Jesús está cerca, y ese es precisamente el momento cuando
no las necesitamos. Aquí tenemos la dirección de Dios para actuar cuando estemos
en medio de la nube. "El que anda en tinieblas y carece de luz," ¿qué? ¿Que
sienta angustia por sus evidencias? No, "confíe," y se acabó; "confíe en el
nombre de Jehová, y apóyese en su Dios." Y la luz pronto vendrá a Él.
Ven
de inmediato, oh pecador abrumado, a la ofrenda por el pecado. "Y si alguno
hubiere pecado, abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo." La
fuente que fue abierta para el pecado y para la inmundicia no fue abierta
solamente para el no regenerado, sino también para el pueblo de Dios, pues fue
abierta "en la casa de David," para los "habitantes de Jerusalén," esto es, para
quienes conforman el pueblo de Dios.
Si hay aquí alguna pobre alma que
nunca ha creído en Jesús, pero que está abrumada por el pecado, yo la invito, y
pido a Dios el Espíritu Santo que haga esta invitación eficaz, que venga ahora a
Jesucristo. Me parece que cuando yo estaba buscando al Salvador, si yo hubiera
estado en esta congregación, y hubiera escuchado la explicación que Cristo lleva
el pecado como sustituto, y hubiera escuchado el sencillo sermón que ustedes han
oído hoy, hubiera encontrado la paz directamente; pero en vez de ello estuve
tratando de cazar la paz durante meses y más meses, porque yo no conocía esto,
que yo no podía hacer nada, pues Cristo lo ha hecho todo; y todo lo que yo tenía
que hacer era tomar lo que Cristo ha hecho, y simplemente confiar en
Él.
Ahora, ustedes ya lo saben también. ¡Oh, que Dios agregue algo al
conocimiento de ustedes! ¡Que les dé poder para poner su mano sobre Jesús! Alma,
apóyate en Él; apóyate en Él. Si no te puedes apoyar, déjate caer en Sus brazos.
Desmáyate en el pecho del Salvador. Confía en Él, descansa en Él, es todo lo que
te pide, y entonces la fe te justificará y te limpiará, y te dará santificación,
y muy pronto perfección, y te llevará a Su reino eterno y a Su gloria. Que Dios
los bendiga, por Cristo Jesús. Amén.